Había una vez una niña que soñaba. Ella iba a la plaza a columpiarse y siempre pretendía ir más alto, llegar al cielo y tocarlo con las manos. Buscaba con intensidad abrazar las estrellas y besar el sol. Siempre soñaba con eso. La niña quería crecer para llegar más alto y cumplir sus metas.
Pero en toda historia existen un “Pero”, así que en su vida, quienes la rodeaban le decían que no podría cumplir sus sueños, le explicaban que nunca el cielo iba a estar cerca de sus manos, que las estrellas no iban a acercarse por más que ella lo deseara, o lo intentara. Todos le decían que iba a fracasar en el intento, que sea realista y haga cosas útiles.
La niña no podía más que llorar. Sus lágrimas se convertían en océanos a su alrededor de su cara mientras que su frente se arrugaba y la hacía parecer más grande. Sus expresiones ya no eran la de una niña y sus pensamientos empezaron a ser los de un adulto aunque todavía estaba en edad de seguir jugando.
Las cosas la aburrían, había perdido las ilusiones, nada importaba ya. Su castillo era solo ruinas, su piso una cuerda en la que caminaba haciendo equilibrio y la estrangulaba con cada paso en falso.
A los ojos de los demás ella parecía estar bien. Pero en realidad estaba triste, no creía ni en sí misma, no comprendía a los demás. Solo se sentía extraña. Como una pieza de otro rompecabezas que no encajaba en ningún sitio.
Esa niña se refugió en los escritos, busco respuesta en los libros, pero siguió triste, buscando cosas que pudieran interesarle y fueran realistas. Esa pieza de rompecabezas siguió desencajando, porque a cada sitio donde iba había soñadores, se rodeaba de gente que no comprendía lo que ella había aprendido de las desilusiones..
Esa mujer sigue tratando de entender un mundo, aquel que todos los días muestra caras de hipocresía y cambia de forma…
Aquella mujer hoy vuelve a soñar, a columpiarse, trata de olvidar las veces que le dijeron que no se podia
la vida cambia de forma, dejamos de soñar muchas veces, pero es cuestión de recordar aquellas cosas que queríamos de chicos y nos decían que era absurdo....quizás hasta lo absurdo nos de ganas de seguir intentando hacer algo con nuestra vida....





